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Avatar de Sonia Romero

Otro de los defectos de las suscripciones es la cuestión de la privacidad y anclaje constante de datos. La mayoría del software basado en suscripción requiere una conexión a internet constante o frecuente para verificar la licencia. Esto genera un problema de privacidad, ya que el software se comunica frecuentemente con los servidores de la empresa para rastrear cuándo y cómo se utiliza el producto. El software de pago único suele permitir un uso completamente sin conexión, lo que proporciona una privacidad superior y garantiza que la herramienta funcione incluso en entornos sin acceso estable a internet.

Avatar de Martina López

Uno de los problemas de la suscripción es la inflación de precios a largo plazo (la “trampa del valor”). Si bien una suscripción de $10 al mes parece más barata que una tarifa única de $300, el punto de equilibrio suele alcanzarse en menos de tres años. En el caso de herramientas profesionales o software destinado a un uso a largo plazo, las suscripciones acaban costando varias veces más a lo largo de una década. Además, los precios de las suscripciones están sujetos a una “inflación sigilosa”, donde las empresas aumentan las tarifas mensuales en 1 o 2 dólares cada año, una práctica que no afecta a quienes realizaron un pago único.

Avatar de Catalina Rojas

Para mí, lo peor es la dependencia de la “paquetización” y falta de opciones. Los modelos de suscripción suelen combinar servicios (por ejemplo, un boletín cun una librería de prompts, o un servicio de streaming que incluye deportes que no se ven). El usuario se ve obligado a pagar por todo el ecosistema, incluso si solo necesita el 20 %. El modelo de pago único permite un consumo “a la carta”: paga exactamente por el libro que desea, sin subvencionar contenido ni funciones que no le aportan valor.